Anticonvulsivos
El término epilepsia designa un grupo de alteraciones del SNC que tienen en común la repetición de episodios súbitos y transitorios (crisis) de fenómenos anormales de carácter motor (convulsiones), sensorial, autónomo o psíquico. Raramente la epilepsia es consecuencia de causas tratables (tumor cerebral, malformación arteriovenosa, traumatismo). En otros casos la evitación de los factores desencadenantes de la crisis (alcohol, fiebre, hiperventilación, etc.) puede prevenirla. La existencia de una anomalía electroencefalográfica no supone necesariamente que esté indicada la administración de antiepilépticos si no hay crisis. La aparición de una crisis aislada tampoco es necesariamente una indicación para el tratamiento crónico.
La decisión para establecer un tratamiento antiepiléptico debe basarse en un diagnóstico preciso, definido por las manifestaciones clínicas y las alteraciones electroencefalográficas.
El objetivo del tratamiento es mantener al paciente libre de crisis sin interferir con su función normal.
Al cabo de 2 años de tratamiento farmacológico sin manifestaciones clínicas, se recomienda consultar al especialista para suspender gradualmente el tratamiento. Esta retirada debe realizarse de manera individualizada, teniendo en cuenta las posibles consecuencias médicas y psicosociales de la recurrencia de las crisis, comparadas con el impacto médico (toxicidad) y psicosocial asociado al tratamiento prolongado.
Consideraciones generales para el uso de anticonvulsivos: reportes recientes sugieren una asociación entre el uso de anticonvulsivos en mujeres con epilepsia y una elevada incidencia de defectos al nacimiento, en hijos nacidos de esas madres expuestas. Para la difenilhidantoína y el fenobarbital, que son anticonvulsivos mas ampliamente usados, se dispone de mas información. Reportes anecdóticos sugieren una similar asociación para todos los antiepilépticos conocidos, por lo que el riesgo de teratogenicidad aumentará si se utilizan varios anticonvulsivos simultáneamente. Existe también la posibilidad de que otros factores (genéticos: la enfermedad epiléptica de base) puedan ser mas importantes que la propia medicación anticonvulsiva, en la aparición de los defectos al nacimiento. Es importante destacar que la supresión brusca de los anticonvulsivos en la madre puede precipitar epilepsia o una crisis convulsiva, provocando hipoxia fetal y poniendo en peligro la vida del feto. La retirada de estos tratamientos solo debe considerarse cuando las crisis convulsivas sean leves e infrecuentes en ausencia de la medicación, y cuando se consideren bajas las posibilidades de estado de mal epiléptico.
Cuando es necesario proponer cambios en el tratamiento anticonvulsivo, la dosificación del nuevo fármaco se debe aumentar gradualmente al tiempo que la dosificación de la otra medicación se va disminuyendo, con el objetivo de mantener controladas las crisis convulsivas. Igualmente, el anticonvulsivo debe ser retirado de forma gradual, especialmente en aquellos pacientes bajo tratamientos a largo plazo con dosis altas, puesto que la supresión brusca puede precipitar crisis convulsivas o estado de mal epiléptico.